Ilustración · 2024
Cuando llega la ausencia
La mecedora de mi abuelita, dibujada en un momento en que la extrañaba y todo pesaba. El tema del proyecto era la sequía —los árboles se estaban quemando— y yo lo llevé a la mía: para mí la sequía es ausencia. Terminó siendo un fanzine plegado a mano que se puede leer de varias maneras.
Ilustración digital, diagramada a medida, impresa y plegada a mano
Hecho conProcreate·InDesign
Las láminas
Lo que hay dentro de la pieza, de cerca.
El pliego abierto, por el lado de la mecedora Y por el lado de los textos
El pliego
No se ve de una vez: hay que abrirlo
La hoja va plegada a mano en 4 columnas por 3 filas. Se abre en dos tiempos: primero se estira el acordeón de izquierda a derecha, y solo al final se despliegan las bandas de arriba y abajo. Aquí, a medida que se baja por la página.
En la mano
Y así se abre de verdad. Cada fotografía es un paño más que el anterior.
Lo que observé
Esta ilustración no se hizo mirando un objeto, sino recordándolo. La mecedora es la de mi abuelita, la del cuarto en el que me mecía cuando no podía dormir siendo bebé, y la dibujé extrañándola, en un momento en que todo pesaba. El tema que había que representar era la sequía, porque los árboles se estaban quemando; yo lo relacioné con mi propia ausencia. Por eso la silla tiene agua chorreando.
Lo que investigué
Lo difícil no era dibujar la silla: era encontrar una idea que explicara por qué para mí la sequía es ausencia. Eso pedía muchísima observación. Reuní referentes hasta que alguno me convenció, que es la parte que más se alarga: mientras las imágenes que encuentro no coinciden con las de mi cabeza, no empiezo a dibujar. El tejido de la mecedora está trabajado hilo a hilo para que sea esa silla y no una cualquiera.
Lo que aprendí
Casi toda la hoja está vacía a propósito: el agua se escurre desde el asiento y se pierde hacia el borde del papel, y ahí termina el dibujo. Está pensado e impreso como un fanzine que dialoga con quien lo tiene delante y que le pide algo a cambio: no hay un solo orden de lectura, así que la misma hoja se abre de varias maneras y cada una dice algo distinto. Los textos son míos y la diagramación también, decidida pensando en lo que quiero que le digan a quien lo lee. Lo plegué y lo corté a mano hasta que quedó justo como lo quería.
Otra vez, distinto
La misma hoja, cuatro lecturas
Según por dónde se abra, queda a la vista una fila de paños distinta. El papel no cambia; cambia lo que enseña.








